Pensamos

Cómo vemosEl trabajo, el sueño, el amor, el dolor, el conflicto, los abusos, los deseos, las fiestas, la familia, la soledad y en general, todo lo que constituye la vida cotidiana de las comunidades, es la materia prima más importante para quienes se dedican a contar historias.

Narrar lo que nos pasa es, tal vez, una de las experiencias más liberadoras. Pero la importancia de hacerlo no solo radica en esa función catártica sino en las posibilidades de registrar y producir documentos para ejercitar la memoria y preservarnos como colectividad. De ahí la necesidad de generar entre los habitantes de las comunidades, el interés por utilizar las imágenes y las palabras para expresar y recrear la vida de los contextos a los que pertenecen.

Cualquiera está en la capacidad de convertirse en narrador, pero no basta con encender la cámara. Es necesario seguir un proceso de acercamiento no solo a la técnica, sino a la realidad misma, a los personajes, a las localidades; explorar los entornos, observarlos, recorrerlos, escucharlos, generar conocimiento.

Hoy los personajes de las historias pueden convertirse en narradores con mayor facilidad, y ese es uno de los propósitos fundamentales de este proyecto: que los participantes logren ser los relatores de sus propias historias, y que las reconozcan como vehículos de sus costumbres y riquezas culturales, como parte fundamental del patrimonio inmaterial que fortalece la identidad y salvaguarda los pueblos del olvido.